Imagina la escena: la casa por fin en silencio y, de repente, un grito desde el cuarto de los niños. Vas corriendo y encuentras a tu hijo sentado en la cama, con los ojos muy abiertos, llorando como si hubiera visto un monstruo, pero no te reconoce e incluso te aparta el brazo. Pocos minutos después se tumba y duerme como si nada, y la que pasa el resto de la noche despierta eres tú.
Los terrores nocturnos en niños son un despertar incompleto que ocurre en el sueño profundo, normalmente en las primeras horas después de que el niño se duerme. Grita, llora y parece aterrorizado, pero sigue dormido y casi nunca recuerda nada al día siguiente. Durante el episodio, lo mejor es quedarse cerca, asegurarse de que no se haga daño y esperar a que pase, sin intentar despertarlo.
En casa, de momento, ninguno de mis tres hijos ha pasado por esto. Como el susto es grande, he reunido lo que explican las sociedades de pediatría y los especialistas en sueño.
Qué son y por qué el niño no se despierta
Es una parasomnia, el nombre de los comportamientos que aparecen durante el sueño, como el sonambulismo. Según el Departamento de Medicina del Sueño de la Sociedad de Pediatría de São Paulo (SPSP) (en portugués), en Brasil, ocurre en el sueño profundo del principio de la noche: una parte del cerebro se despierta, por eso grita y se mueve, y otra sigue dormida, por eso no te ve de verdad.
Los ojos están abiertos, el corazón se acelera y suda, pero no sirve de nada llamarle por su nombre. La neuróloga infantil Leticia Soster, del Hospital Israelita Albert Einstein de São Paulo, explicó al portal brasileño de salud Drauzio Varella (en portugués) que el episodio suele llegar entre una y dos horas después de que el niño se duerme y dura desde treinta segundos hasta unos cinco minutos. El servicio de salud del Reino Unido (NHS) (en inglés), por su parte, habla de episodios que pueden llegar a 15 minutos y, a veces, repetirse en la misma noche.
El NHS señala que son más frecuentes entre los 3 y los 8 años, y el documento científico de la Sociedad Brasileña de Pediatría (SBP) sobre parasomnias (en portugués) calcula que afectan a cerca del 6% de los niños, y bajan al 2% en la adolescencia. Suelen repetirse en personas de la misma familia y, según la SPSP, no están asociados a enfermedades mentales.

¿Terror nocturno o pesadilla?
La respuesta cambia lo que tienes que hacer. Con una pesadilla el niño se despierta de verdad, recuerda el sueño y quiere brazos. Con un terror nocturno sigue dormido y, si insistes en consolarlo, puede agitarse todavía más. La tabla, hecha con la información de la SPSP y del NHS, resume las pistas.
| Característica | Terror nocturno | Pesadilla |
|---|---|---|
| Cuándo ocurre | Primera mitad de la noche, en el sueño profundo | Segunda mitad de la noche, en el sueño REM (el de los sueños) |
| ¿Se despierta? | No, parece despierto, pero sigue dormido | Sí, se despierta asustado |
| ¿Reconoce a los padres? | Normalmente no, e incluso puede apartarte | Sí, y suele buscar brazos |
| ¿Lo recuerda al día siguiente? | Casi nunca | Suele recordarlo y contar el sueño |
| ¿Vuelve a dormirse? | Rápido, sin ayuda | Puede tardar, por el miedo |
Qué causa los episodios
La causa exacta no se conoce, pero los especialistas los relacionan con la maduración del cerebro, que todavía está aprendiendo a pasar del sueño profundo al despertar. La SPSP y el NHS citan estos desencadenantes:
- Sueño corto o retrasado, como el día en que no hubo siesta y se durmió mucho más tarde.
- Cansancio extremo después de una fiesta, un viaje o una excursión larga.
- Fiebre o enfermedad.
- Estrés y ansiedad, como un cambio de colegio o la llegada de un hermano.
- Dormir en un sitio distinto, en casa de la abuela o en un hotel.
- Ruido, una luz que se enciende de golpe o la vejiga llena.
- Algunos medicamentos y problemas de salud que alteran el sueño, como la apnea (cuando la respiración se detiene unos instantes, muchas veces con ronquidos), el síndrome de piernas inquietas y la migraña.
Qué hacer durante el episodio
El instinto es cogerlo en brazos, encender la luz y llamarlo en voz alta hasta que se despierte, y eso es justo lo que suele empeorarlo. El documento de la SBP explica que intentar contactar con el niño durante el episodio no funciona y además puede alargarlo. Así que el camino es otro:
- Respira y ve al cuarto sin correr, porque el episodio pasa solo.
- Comprueba la seguridad antes que nada: si se ha levantado, ponte entre él y la escalera, la ventana o la esquina del mueble, porque ese es tu papel principal ahí.
- No intentes despertarlo ni sacudirlo. El NHS recuerda que puede no reconocerte y ponerse más nervioso si intentas consolarlo.
- Si lo acepta, sujétalo con suavidad para que no se caiga de la cama y háblale bajito, con voz tranquila. Si te aparta, suéltalo y quédate cerca.
- Luz baja y cuarto en silencio, sin la tele encendida y sin la pantalla del móvil en la cara.
- Espera. Cuando el cuerpo se relaje, colócale la manta y deja que vuelva a dormirse solo, sin preguntas.
Qué no hacer
Gritarle, zarandearlo o sacarlo de la cama empeora el episodio, según la SPSP. A la mañana siguiente, yo me aguantaría las ganas de contárselo todo con detalle, sobre todo porque no lo recuerda, y oír que estuvo gritando toda la noche puede dejar a un niño con miedo a dormir. Si pregunta, basta con una respuesta sencilla. La Asociación Española de Pediatría (En Familia) coincide: recomienda no interactuar con el niño ni despertarlo, quedarse a su lado en silencio y no discutir el episodio al día siguiente, porque podríamos preocuparlo y provocar resistencias a la hora de irse a dormir.

Cómo prevenirlos: rutina, diario y despertar programado
Sueño suficiente y horario fijo
El consejo que aparece en todas las fuentes es evitar la falta de sueño. La SPSP recomienda horarios regulares para dormir y despertarse los siete días de la semana y evitar actividades y alimentos estimulantes cuando anochece. En la práctica: cama más temprano los días movidos y siesta para quien todavía la necesita. Las ideas del artículo sobre higiene del sueño con hijos ayudan a montar el ritual de la noche.

Diario de sueño durante dos semanas
El NHS sugiere llevar un diario de sueño para descubrir qué hay detrás de los episodios. En dos semanas el patrón suele aparecer. Apunta cada día:
- La hora a la que se durmió y si hizo siesta.
- La hora del episodio, cuánto duró y qué hizo.
- Qué fue distinto ese día: fiesta, fiebre, una pelea, pantallas hasta tarde o una cena pesada.
- Cómo se despertó y de qué humor estuvo al día siguiente.
Si puedes, graba un vídeo corto de un episodio. El centro brasileño Instituto do Sono (en portugués) recuerda que los vídeos caseros ayudan a documentar el episodio para el médico.
Despertar programado
Cuando el diario muestra que el episodio llega siempre a la misma hora, existe una técnica sencilla llamada despertar programado. El NHS aconseja despertar al niño 15 minutos antes de la hora habitual del episodio, todas las noches, durante dos semanas. Es un despertar suave, solo para que abra los ojos, y después vuelve a dormirse.
Cuarto seguro, hermanos y noches fuera de casa
Cuarto seguro
Como el niño puede levantarse e incluso correr durante el episodio, las recomendaciones del Instituto do Sono para las parasomnias incluyen evitar las literas, apartar la mesita de noche, quitar los objetos de cristal de cerca de la cama, mantener las puertas cerradas y las ventanas bloqueadas y evitar escaleras en el camino.
Hermanos en el mismo cuarto
Quien comparte el cuarto es el que se lleva el susto de verdad. Explícale, de día y con palabras sencillas, que a veces el otro llora dormido, que no le duele nada y que puede llamar a un adulto. En el momento, los brazos son para el hermano despierto, que sí lo va a recordar todo.

Viajes, visitas y noches de fiesta
Un lugar distinto y el cansancio son desencadenantes conocidos, por eso la noche en casa de los abuelos y la vuelta de una fiesta son candidatas a episodio. Ayuda anticiparse: siesta antes de la fiesta, salir antes y llevar el peluche de siempre. Y si se te quedó el sueño a trozos, las técnicas de cómo dormir rápido sirven para que los padres vuelvan a conciliar el sueño.
Cuándo ir al pediatra
En la mayoría de las familias, es una etapa que pasa sola, pero algunas señales piden consulta. Según las indicaciones de la SBP, la SPSP y el NHS, conviene pedir cita con el pediatra cuando:
- Los episodios son muy frecuentes o alteran el sueño de toda la familia.
- El niño tiene sueño durante el día, baja su rendimiento en el colegio o cambia su comportamiento.
- Se ha hecho daño durante un episodio.
- Los episodios son largos, se repiten varias veces en la misma noche y tienen siempre los mismos movimientos, una señal que la SBP indica para descartar epilepsia.
- Hay ronquidos fuertes o pausas en la respiración durante el sueño, que pueden indicar apnea.
- Los episodios empezaron después de los 5 años o continúan después de los 12, criterios que usa el NHS.
Lleva el diario y el vídeo, porque con ellos el médico decide si hace falta alguna prueba, como la polisomnografía, que registra el sueño durante la noche. La medicación rara vez entra en juego.
¿Todavía tienes dudas?
¿Un bebé puede tener terrores nocturnos?
Puede, pero no es lo habitual. La Sociedad Brasileña de Pediatría dice que suelen empezar a partir de los 4 años, aunque la neuróloga consultada por el portal Drauzio Varella dice que pueden aparecer a partir de los 9 meses. En un bebé, el llanto fuerte por la noche tiene muchas otras causas, así que habla con el pediatra antes de sacar conclusiones.
¿Los terrores nocturnos se curan?
La mayoría de las veces desaparecen solos con la maduración del cerebro y, según la SPSP, suelen irse en la adolescencia.
¿Un dibujo animado o una película de miedo pueden causar terrores nocturnos?
Pueden actuar como desencadenante. El NHS incluye entre las causas comunes algo que haya asustado a la persona, como una película de miedo, o que le haya provocado estrés y preocupación. Por eso conviene apagar las pantallas antes, elegir contenidos tranquilos y limitar el contacto con escenas que puedan dar miedo.
Para cerrar
Los terrores nocturnos asustan mucho más a quien los presencia que al niño, que ni siquiera los recuerda al día siguiente. En el momento, quédate cerca, garantiza su seguridad y espera a que pase sin intentar despertarlo. Después, cuida la regularidad del sueño, apunta los episodios y ve al pediatra si aparece alguna señal de alarma.
Contenido informativo. No sustituye la orientación del pediatra ni de un médico del sueño.





